Inútil sacrificio a un dios inexistente



Fue como el final de una corrida de toros. Cruel, dramática, ineludible.

Una Fiesta quirúrgica, sin sangre ni lamentos. Puro corazón batiente, desbocado, aniquilado desde ya.

Rodeando el cadáver, estaban los cuatro gatos gordos.

La lagartija boca arriba, las cuatro patas engarrotadas; de su vientre, irremediable, mortalmente herido, brotaba una tripita granate, como tornasolada, minúscula, casi inexistente.

Al escuchar mis pasos, los cuatro pares de ojos voltearon a un tiempo.

Ni rabo ni oreja.


Todo había terminado.

2 comentarios:

Const dijo...

ayyy qué bonito cueno madi, seguramente eran: mambrú, iskra, lucca y claudio!, le atiné?

FridArte dijo...

Efectivamente eran ellos. Excepto Claudio que aún no llegaba a casa. Ese era Pliggs.