Salvador Cruzado: Fuera de Entorno



Doctor en Artes Plásticas por la Universidad Veracruzana, pintor, escultor, diseñador gráfico, Salvador Cruzado ha sido ejemplo de la plástica contemporánea mundial, expositor en diversas colectivas y muchas mas individuales, Cruzado continúa enseñando y formado jóvenes dentro de la plástica. Su exquisita obra circula principalmente entre los coleccionistas europeos y norteamericanos. En México hay que volver la mirada a la obra de Cruzado de la misma forma en que su obra se regala al espíritu. Cruzado, de los últimos pintores contemporáneos mexicanos vivos, diseñador gráfico de entrada, diseña los logotipos de la Olimpiada México 68, en un grupo liderado por uno de los primeros grandes impresores en nuestro país: Miguel Galaz. Su amor a los animales, sobre todo a los mas desprotegidos lo lleva a formar parte, a lo largo de su vida, de asociaciones en pro del bienestar de fauna desprotegida y maltratada; a la fecha, forma parte activa de la Asociación Civil “Amigos de los Animales”, junto con Emilio Carballido, Sergio Pitol y Héctor Montes de Oca, entre otros. Su obra puede apreciarse en su página web: www.salvadorcruzado.blogspot.com. Es creador de una técnica que él denomina monotipo, impresiones posibles de realizar con diversos materiales como corcho, cartulina, óleos, solventes, con los que crear figuras impresas ilimitadas. Actualmente, la obra de Cruzado se cotiza en miles de dólares, en un mercado que es casi en su totalidad europeo y estadounidense.



Salvador, ¿cómo son tus inicios en la plástica?
En la escuela de instrucción primaria, la hacía la tarea de dibujo a mis compañeros, cobrándoles de 10 a 15 centavos por diseño, afamándome ya en quinto año al grado de exentar la materia. Sobre todo recuerdo mis largas horas en la biblioteca escolar, donde leía con toda clase de libros. Los que más me llamaban la atención eran los relacionados con la fauna y la flora. De aquello no conservo nada. Ningún dibujo.



¿Después iniciaste tus estudios formales?
Entré a La Esmeralda en 1971. Antes hice estudios durante cuatro años de Dibujo Comercial en la Escuela Libre de Arte y Publicidad, ubicada en lo que ahora es el Eje Central. Recuerdo sobre todo a mi maestro Macías, maestro muy especial, cara, tipo y cuerpo de pulquero, quien gustaba de irse a la isla de Tiburón con los indígenas. Es una práctica que yo también comienzo desde muy joven, porque convivir con nuestras raíces es fundamental para entender el universo. La sierra de Guerrero fue en muchas ocasiones mi refugio artístico y fuente de inspiración.



¿Y tu actividad como maestro?
En el Instituto Latinoamericano de Comunicación Educativa, ubicado frente al Campo Militar número 1 en la Ciudad de México, di cursos de Diseño de Cartel e Impresión en Litografía a becarios de todo el mundo, cuando fue director Álvaro Gálvez Cifuentes.



¿Qué opinas de la obra de otros pintores contemporáneos?
Reconozco la capacidad artística de los argentinos, los cubanos, los venezolanos, pero sobre todo de un grupo de haitianos, cuyo maestro era un peso welter en su tierra. Este personaje, representante cultural de Haití, era muy alto, fornido, de piel oscura y muy seductor, paseando por las calles del centro de México, en donde la mayoría de las jóvenes lo registraba en sus miradas.



¿Cómo y cuándo es que te inicias como pintor?
Me acabo de dar el título de pintor hace una semana. Al revisar lo que expondré en la Galería Alva de la Canal me di cuenta de que no estoy tan mal. Ahora sí soy pintor”, expresa con una sonrisa feliz en su semblante iluminado. “Soy enemigo del negro, la negación del color, jamás lo uso, pongo a girar a mis alumnos cuando les pido que no usen nunca el negro en sus composiciones.

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