Jaime G. Velázquez: De Vuelta a Veracruz



Jaime G. Velázquez es escritor y editor. Nació en la Ciudad de México, pero radica desde hace muchos años en el puerto de Veracruz. Publicó tres libros, coordinó suplementos culturales y revistas, fundó editoriales y proyectos literarios. Ha impartido talleres y trabajó en el IVEC desde su fundación. Fue editor de Vuelta con Octavio Paz y colaborador de los principales periódicos y revistas del país. Sobre todo, ha sido un voraz lector y un asiduo crítico de los fenómenos culturales.



Jaime, ¿cómo nace tu interés por la literatura?
Tuve un error vocacional, creí que podía ser novelista o poeta y abordé un ómnibus de letras (facultad de). Más bien tarde supe con claridad que hubiera sido feliz en una librería. Desde niño quise irme de la casa familiar y me preparaba echando libros en una maleta que luego no podía levantar del suelo. La primera vez que fui a París llevé libros como si allá no hubiera. No pensé en calcetines, camisetas o calzones. De regreso, lo mismo: traje libros de allá que podría haber comprado en la Librería Francesa que estaba en Paseo de la Reforma. Mi vida son los libros, los que otros han escrito.

Publicaste dos poemarios. ¿Qué te dejaron? ¿Los sientes cercanos aún?
Hubo un tercero en esa época, de poesía visual, pero la tradición dominante va por otro lado. Me encaminé hacia la crítica. No puedes escribir sin leer lo que están haciendo los demás, no nada más los de tu generación. Pero la lectura me llevó a otro lado. Emmanuel Carballo me pidió hacer una selección de poetas-poemas novísimos, que publicó en el suplemento dominical del periódico El Día. Después de ese trabajo, la lectura de uno mismo se carga de exigencias, tantas que pierdes el camino que llevabas. Son tan cercanos, los poemas que hice, como si tuvieras un hijo de treinta años viviendo en Islandia al que sólo visitas una vez cada diez años. Lo reconoces al tiempo que sabes que es un extraño. Me gusto como fui, sé que eso me permite ser como soy, pero también sé que aquél y yo ahora ya no nos llevamos mucho.



Háblanos de tu época en Vuelta y qué te retribuyó profesionalmente. Trabajaste en la Revista de la Universidad, ¿consideras esta etapa fructífera a nivel profesional?
El trabajo editorial en ambas revistas, y las reseñas de libros que publiqué allí y en diferentes periódicos (algo increíble, haber aparecido en el número tres de un periódico entonces nuevo, unomásuno, un medio que se echó a perder), son parte de una vida, como te diré, desastrosa. Andas gastando tu tiempo con un optimismo envidiable. Parte de esos años los conoce Jorge Brash, porque trabajamos juntos y luego íbamos con amigos a oír música tropical en lugares cuyos alrededores hoy deben ser de mala muerte. A Octavio Paz lo traté poco, porque la vida le ganaba a la literatura. Hablar con él era parte del trabajo, salir con los amigos era la meta. A Julieta Campos, que dirigía la revista de la UNAM, nunca la vi porque ella vivía en Tabasco. Y Vuelta la leí desde antes de pensar que iba a trabajar allí, desde que era Plural. Recuerdo fines de semana en Cuernavaca, junto a la alberca, todos nadando o platicando y yo leyendo "sábado", o Proceso, o Cambio 16. La vida literaria no estaba en la redacción, o en la Imprenta Madero. Algunas consultas con Paz eran en su condominio en Guadalquivir y Reforma. La vida era platicar con Ida Vitale y Enrique Fierro, visitar a Ernesto Mejía Sánchez, admirar a Héctor Valdés; los tres, profesores de la UNAM, pero la amistad empieza cuando ya no son mis profesores. La literatura estaba en las bibliotecas, en las librerías, adonde iba solo y donde salía con más de un libro. Tengo un enorme déficit de lectura, no de libros. Si compras tres libros a la semana, lees uno. Pero Gabriel Zaid dice que lo importante es ir haciendo un proyecto de lectura.



¿Cómo es que decides trasladarte de la ciudad de México al Puerto de Veracruz?
El terremoto del 85 me lanzó fuera del DF. Vivía en la colonia Condesa y a unos metros de edificios que se derrumbaron. Donde yo vivía se cayeron paredes que daban a las escaleras. ¡Y el polvo! Tratábamos de creer que el smog no nos iba a matar pero agrégale el polvo de los derrumbes. Los días que siguieron me iba a Cuernavaca con mi esposa para que no se le agravaran a mi hijo de tres años sus problemas respiratorios, y regresábamos porque teníamos que trabajar. Mi hija, que llegó a Veracruz con un mes de nacida, nunca tuvo enfermedades respiratorias, ni catarro, y no exagero. Por ello sé que fue acertada la decisión.

Al llegar al puerto, platícanos acerca de tu experiencia en el Instituto Veracruzano de la Cultura y en la época de quién fue.
El IVEC fue establecido en el puerto para que yo tuviera qué hacer. Al venir en la carretera oímos que se estaba dando la noticia de que el gobernador, al tomar posesión, decidía la fundación del IVEC. Ese día llegó el camión de mudanzas con nuestros triques. Y hubo un empleo para mí en la oficina editorial. Entonces trabajé con Ida Rodríguez Prampolini, Óscar Hernández, Lilí Flores, Ivonne Moreno, Eduardo Sansores. Publiqué los primeros libros del IVEC, una aventura. Yo venía de Imprenta Madero y en Xalapa estaba empezando Graphos, pero en el puerto no había donde hacer libros. El proyecto de Ida Rodríguez estaba muy bien pensado, era muy completo. Creo que conviene hacer un análisis a fondo de lo bueno y lo malo de los cambiantes e incompletos IVEC que ha habido. Desde el principio el dinero se iba en sueldos y quedaba muy poco para gastar en realizar ideas. Te digo una. Fuimos un grupo de escritores a leer a Xalapa y pedimos que se organizara una cena para invitar a los colegas y que se diera un acercamiento. Nada. No había dinero y cenamos solos y luego cada quien se fue por su lado. Se perdió un momento que hubiera sido muy importante para todos.



Participas en la literatura del puerto de Veracruz. ¿Cuáles son las convergencias y divergencias con ambientes similares en la ciudad de México y en Xalapa?
Tu pregunta es tema para una tesis de doctorado. Podemos partir de un libro que es una maravilla, La cabeza de Goliat, de Ezequiel Martínez Estrada. Las capitales latinoamericanas son monstruos. Buenos Aires, Caracas, Santiago de Chile, Lima, Ciudad de México. Devoran todo lo que pueden de los alrededores para crecer. Xalapa está cien kilómetros más cerca del DF así que está mejor relacionada con la vida cultural de allá, además que la Universidad Veracruzana tiene una Facultad de Letras en esta capital. Quienes quieren estudiar letras deben tener dinero para pagar su estancia en Xalapa. Muchos jóvenes estudian Comunicación porque es lo más cercano a lo que sería una carrera de letras. Quizás antes se justificaba demográficamente, pero ahora quizás valga invertir en atender este aspecto fuera de Xalapa. Los porteños tendrán que asimilar que puede ser una carrera redituable. Como sea, me pregunto quiénes imparten las clases de literatura en los bachilleratos veracruzanos. Con esto trato de explicarme qué pasa con la literatura en el puerto. En el pasado, un narrador como Juan Vicente Melo tuvo que emigrar a la ciudad de México. Todavía tiene más lectores allá que acá. Los narradores, poetas, dramaturgos actuales, ¿todavía no pueden quedarse a estudiar esos géneros en el puerto? Otro problema, los libros. Los títulos que encuentras fácilmente en el DF no llegan hasta Veracruz. A los escritores porteños les hacen falta lecturas.

En Veracruz puerto impulsaste tres proyectos literarios: la revista La ventana cerrada, la editorial Nosotros y el suplemento cultural del periódico Sur, ¿qué ha quedado de ello?
Sur se volvió Imagen, y seguimos publicando nuestras opiniones allí. Pero también hemos colaborado en El Dictamen y en Notiver. Hay que hacer una síntesis de la realidad: hace falta dinero y hay un entorno nacional que le da la espalda al desarrollo cultural. No te voy a decir nada nuevo. El cine de Estados Unidos domina el mercado, la televisión por cable o satélite está dominada por Estados Unidos, la televisión nacional es como mirar un cementerio. La radio iba mejorando pero ya viste qué le hicieron a Carmen Aristegui, qué ha pasado con Gutiérrez Vivó; la programación musical se parece al tambaleante Michael Jackson saliendo de una tumba. Y en discos, en libros: hay más extranjeros que nacionales. Visto así, qué puede hacer una revista local, una editorial independiente, un periodismo dinámico pero local. En mi casa no me aguantan porque soy un criticón de todo. Señalo los defectotes de CNN y qué queda. Los de series españolas, que son mejores que las mexicanas. Pero uno esperaría que hubiera más criticones, a los que les pagaran, que detectaran fallas y defectos. Pero no. Si existe la perfección, la gente que toma las decisiones la evita. No sé por qué. La ventana cerrada se murió después de un empacho que le vino cuando el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes la apoyó con la mitad de sus gastos. Se sintió rica y se puso a tragar en lugar de ahorrar. El proyecto que tuvimos con Carlos Manuel Cruz Meza existió por el déficit que tiene el IVEC y la UV en la producción de libros, y porque el sector público no tiene por qué estar atendiendo el cien por ciento de esto. Entonces el que se está limitando es el sector privado, porque cree que el gobierno está haciendo su trabajo. Lo de Sur fueron tres años, ocho páginas semanales los viernes y yo ya estaba agotado, quiero decir, vacío, ya funcionas como Chaplin en la banda sin fin. Pero siguen saliendo páginas culturales entre semana, lo que es un mérito indisputable de Imagen.



Por lo que sé de ti, eres como un salmón que lucha a contracorriente. Este salmón que eres: ¿ha llegado o ha sido engullido por las fauces de la depredación cultural en la que vivimos?
Ojalá fuera un salmón solo. Pero al nadar sabes que el resto del país viene contigo, incluso las personas acaudaladas. Y con éstas es más triste el caso, porque nunca se han visto como salmones, no saben que lo son. Lo que ha pasado estas semanas en la economía mundial, la despedida de Bush, los zapatos que lo humillaron, ¡Nerón! Y es que incluso el Secretario de Hacienda y el Presidente de la República fueron arrastrados. Apenas van reaccionando. Ahora van rezagados, detrás de quienes empezamos a nadar a contracorriente desde los años setenta. México está por cumplir doscientos años de luchar por su independencia, y todavía no la consigue plenamente. Ve a cualquier tienda. Incluso las bolsas de arroz dicen “Producto de EU”. Estados Unidos nos invadió y se retiró. Compró medio país. Me pregunto por qué no se llevó gratis todo, en tiempos de la Guerra de Reforma, por ejemplo, hace siglo y medio. ¿Por qué quería hacer un canal en Tehuantepec y al final se fue a Panamá? Como sea, padecemos una invasión silenciosa y ellos felices, sin los mexicanos, excepto a los pocos que necesitan. Tu frase es exacta, “depredación cultural”, por los gringos y por sus socios mexicanos. Hay más preocupación por la ecología que por la cultura, y se trata de parecida devastación. Habría que hacer un partido ¿de qué color? culturalista. Pero hay que ser optimistas. Es posible que, con todo, Estados Unidos dure menos que México.

Según tu experiencia, ¿consideras que la comunidad cultural del puerto de Veracruz compite con sus pares a nivel estatal, nacional e internacional?
Últimamente han cambiado las cosas en el puerto, pero esto ha sido un proceso lento. Los veracruzanos estaban muy encerrados y la emigración era un destino inevitable. Si querías estudiar una licenciatura que no existía en tu área, te ibas en su busca. Esto va seguido de los empleos: ya que estás estudiando en una ciudad más grande, te quedas a vivir allí. Muchos porteños se vuelven turistas cuando regresan en vacaciones a visitar a sus padres o abuelos. ¿Nombres? ¿Casos? Uno famoso: Juan Vicente Melo estudió en París y luego vivió en el DF. Una vez se le hizo un homenaje aquí y fueron invitados sus amigos del DF. No hubo un solo participante del puerto, aunque había amigos de él y quienes podían haber presentado trabajos de alto nivel. Fue como una fiesta de turistas, extraños en la playa Paraíso. Nuestro problema es la fama: hay más micrófonos en el DF y más noticieros producidos allá para que todo el país los oiga y hay un ahorro en el contrato de locutores. Eso le da una falsa uniformidad al país. Los noticieros de aquí utilizan agencias y material de allá. Nosotros nos enteramos de las opiniones del DF y tenemos además opiniones propias, un plus que no tienen los distritenses, y no piensan que les haga falta. Por lo demás, si el arte está mal en general, si va como carcacha, no podía ser distinto en Veracruz. Las instituciones de gobierno son un obstáculo con sus promociones, que no se cansan de conservar.



¿Cuáles son las expectativas culturales del puerto de Veracruz, por las que tanto has propugnado; consideras que se vayan a cumplir?
No en las actuales condiciones. Imagínate a esa gente del poema de Ezra Pound, que va saliendo de una negra estación del Metro. Las discusiones políticas apenas y alcanzan a plantear los grandes problemas nacionales, para resolver los cuales no se oyen muchas ideas. Uno puede vivir como Robinson Crusoe y con que tengas una televisión ya no vas a protestar. La educación artística sigue pospuesta y por ello los públicos del arte no crecen en terrenos áridos. Este es un problema que requiere una legislación valiente. Hubo foros conducidos por una diputada del área de turismo y no creo que haya una segunda vuelta, para ver si están bien interpretadas las sugerencias. Se votará: y quién dice que los votos son de expertos con una alta sensibilidad por el arte, si sabemos que son políticos, es decir sin especialidad en este terreno, si las votaciones se hacen de proyectos que se consideran bien elaborados por quienes entonces tienen una mayor responsabilidad. Se requiere unir fuerzas para cambiar no un estado sino un país, por ejemplo que se exhiban cortometrajes de festivales internacionales en la programación habitual de los cines. ¿Cómo metes esto en una ley?

¿Qué lee la gente en Veracruz? En base a eso, ¿cómo se pueden llevar a cabo directrices en el estado para que la gente lea no sólo lo que lee?
Las estadísticas del país incluyen Veracruz. No hay lectores, aunque hay algunas ventas, de revistas sobre todo. La oferta es inmensa y la demanda es baja. La publicidad es la principal culpable. Los anuncios pagan el tiraje y a nadie le importa si la revista termina devuelta al editor, sin mácula de dedos ávidos. Periódicos y revistas puedes leerlos gratis en Internet, entonces no se entiende el que persistan los puestos en las esquinas. En cuanto a literatura mexicana, es un espectro. La encuentras debajo de lápidas que dicen “no abras esta tumba, compra libros traducidos”. Ya te digo, los escritores están muy ocupados y no tienen tiempo de volverse vendedores de libros de puerta en puerta. Mientras no haya decisión para tomar por asalto a los lectores extranjeros, nuestros escritores seguirán padeciendo el legado de tiempos de la colonia, que nos alejó del desarrollo que sí se dio en otros sitios.



¿Qué consideras que estás dejando como legado? ¿Quiénes son los que te siguen?
Caramba, de legado, nada. Estoy en una fila tan larga que no habrá lectores para mí. Primero están los famosos, que no siempre son los mejores; siguen los buenos escritores, que suelen ser casi desconocidos; siguen los atrevidos, que van cargando su caja de miel, los mártires, etc. Y como estoy en la fila, no sé si tenga seguidores. Mi testamento va a ser muy simple, todo lo que hago es por amistad, por mis amigos. Aunque esté cansado, soy el último en irse de las fiestas. Si hubiera quien me siguiera, nunca acabaría la fiesta. No habría plural para esa palabra.

¿Qué otras manifestaciones artísticas te apasionan?
Todas son una. Por eso te digo lo de la educación artística. Una vez que aprendes a apreciar la música, vas a un concierto y allí te quedas a ver una obra dramática, que te lleva a una librería donde encuentras un libro con la obra de un pintor cuya obra ya no podrás dejar de ver. Te lo digo de otra forma. José Bernardo Couto nació en Orizaba en el siglo XIX y es uno de los primeros que escribe sobre historia de la pintura en México. Después de él, hubo que esperar décadas para que Manuel Toussaint presentara su historia de la pintura colonial, la más completa en el siglo XX. El que yo me haya interesado por el arte es algo que tiene explicación: oír una o dos estaciones de radio que están transmitiendo piezas que en tu casa no conocen, entrar a varias galerías, ir a diferentes teatros, etc. La inversión en infraestructura artística es algo que puede dar beneficios cuantiosos, sólo faltan los empresarios que crean esto, que puede ser comprobado por sociólogos, economistas, etc.



Imagino que siendo una persona tan creativa haces uso de las nuevas tecnologías. ¿Qué piensas de ellas?
Son una maravilla. Además, ¿cómo evitarlas? Mis hijos las manejan con facilidad porque las empezaron a usar desde que eran niños. Yo no, para mí es difícil, incluso incomprensibles a veces, como toda la cultura de los celulares, tan mal utilizados para transmitir mensajes incomprensibles, como lo es saludar a una persona que acabas de ver hace una hora, o a la que vas a ver dentro de una hora. La llamas para decirle: ya voy. Eso antes no era necesario. En cuanto a Internet, el papel está en retirada, porque hay más brillantez en una página electrónica que en una foto impresa. Además, hay una “aldea global” entre los escritores, como una especie de comunas hippies, donde la comunicación es instantánea y desenfadada. ¿Qué más? Un escritor y un lector sin intermediarios.

¿Has pensado en volver a publicar poesía o narrativa?
Lo estoy haciendo. En páginas electrónicas, en revistas locales, en revistas como Cultura de Veracruz, que publicó un relato mío en una recopilación titulada “Escritores de Veracruz”. Lo que pasa es que la adolescencia escribes como desesperado y en la madurez ya no tienes prisa.

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